En el diario La Primera del 11 de abril se puede ver un
párrafo que dice lo siguiente:
“¿Debe desaparecer
la Comisión de Ética? Claro que sí. No
hay en el otoronguismo garantes éticos que puedan tener la superioridad para
juzgar a sus colegas.”
Normalmente muchos líderes de opinión usan la palabra
ética y su concepto de un modo bastante cuestionable, burdo y que, en algunos
casos lindan con la ignorancia. Para ayudar
a una reflexión más seria, desarrollaré )de manera bastante gruesa) los
principales paradigmas que abordan este complejo tema.
¿Qué es la ética?
¿Qué dicen los textos académicos sobre la ética?
A partir de la lectura del documento presentado por Miguel
Giusti[1]
se asume que la Ética es la “experiencia de la mesura en la convivencia humana
y a la conciencia de los límites que no deberían sobrepasarse para poder
hacerla posible"[2]
Sin embargo, tal como menciona el autor, han existido a los largo de la
historia humana muchas concepciones sobre la ética. De esta variedad “es
posible constatar en la historia, a grandes rasgos, una curiosa y persistente
tendencia a responder de dos formas principales”[3]
. Estas formas de respuesta se denominan paradigmas y estos son: El Paradigma
de la Ética del bien común o el Paradigma de la felicidad y el Paradigma de la
ética de la autonomía o el Paradigma de la justicia.
El Paradigma de la ética del bien común o el Paradigma de
la felicidad
El planteamiento central de esta es que “el patrón de
referencias normativas de la conducta personal y social debería ser el respeto
y el cultivo del sistema de valores de la propia comunidad”[4]
Aristóteles menciona que hay bienes distintos, tanto en
las actividades como en las artes, sin embargo cree que hay algunos bienes más
perfectos que otros “llamamos perfecto lo que siempre se elige por sí mismo y
nunca por otra cosa. Tal parece ser, sobre todo, la felicidad pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras
que los honores, el placer, la inteligencia, y otra virtud los deseamos en
verdad por sí mismos (puesto que desearíamos todas estas cosas, aunque ninguna ventaja
resultara de ellas) pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues
pensamos que gracias a ellos seremos felices”[5]
La Felicidad es definida por Aristóteles desde lo que
“buscamos todos, al parecer, la forma de vida más plena posible, en donde plena
quiere decir: aquella que realiza el bien más preciado – el sumo bien – o la
última razón del ser – el fin supremo – de nuestra existencia. Y el fin
supremo, o el sumo bien, consiste en realizar permanentemente los ideales de
excelencia que la propia comunidad ha establecido para el desempeño de nuestras
actividades, incluyendo la actividad comunitaria por excelencia, que es la
actividad política”[6]
Los rasgos más importantes de este paradigma son
definidos por Giusti son los siguientes:
a)
El ideal básico de este
paradigma es el respeto y el cultivo del sistema de valores de la comunidad.
b)
Es sustancialista porque
tiene un sistema de valores.
c)
Involucra a las
emociones
d)
Parte de la perspectiva
de la primera persona.
e)
Es contextualista.
f)
Hace referencia al ethos como criterio último de
fundamentación.
Paradigma de la ética de la autonomía
Este paradigma asume que “la mejor manera de vivir
consiste en construir una sociedad justa para todos los seres humanos, este es,
para el modelo, el patrón de referencias normativas de la conducta personal y
social.
Para Immanuel Kant “Ni en el mundo, ni, en general,
tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda considerarse como
bueno sin restricción, a no ser tan sólo una buena voluntad”[7].
Igualmente dice que “La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o
realice, no es buena por su adecuación para alcanzar algún fin que nos hayamos
propuesto; es buena sólo por el querer, es decir, es buena por sí misma”[8].
En este paradigma se construyó una ética sobre el
principio de la autonomía de modo que se pueda conciliar la libertad
individual con el consenso universal.
Para este propósito Kant desarrolló el principio del imperativo categórico.
Los rasgos centrales de este paradigma explicados por
Giusti son los siguientes:
a) Es un paradigma formalista o procedimental.
b) Los valores son extraños a este paradigma. Es más abarcador porque
desarrolla el concepto de “principios” o de “normas”.
c) Exige un acatamiento racional y no emocional.
d) Asume la perspectiva de la tercera persona.
e) Es universalista.
f) La fuente de legitimación última es el contrato o diálogo imaginario en el
que todos nos hallamos necesariamente involucrados.
Conclusiones
Es un hecho que los dos
paradigmas tienen una fuerte dosis de coherencia y una sólida argumentación:
Dado que son teorías explicativas que han sido bastante tratadas en los
círculos académicos, hace que sea casi imposible hacer comentarios alrededor de
ellas. Sin embargo, con la finalidad de
realizar un ejercicio desde mi ubicación de alumno de la maestría en Gerencia
Social me permito hacer los siguientes comentarios:
1.- Soy favorable a que la ética sea asumida desde una
mirada como la que plantea el paradigma de la autonomía porque, al igual que en
el mundo, en el Perú, coexisten muchas cosmovisiones, tanto en el plano social
como en el cultural y religioso; por lo tanto, no existe (necesariamente) una
sola visión de lo que debería ser lo bueno o justo en la sociedad.
2.- Igualmente, comparto con la perspectiva del paradigma
de la autonomía, que se debe hacer lo correcto sin esperar, absolutamente, nada
a cambio; sino sólo por el deber de hacer lo correcto.
3.- Al igual, que el autor creo que se debe seguir
insistiendo en conciliar estos paradigmas para que la convivencia de los seres
humanos sea posible y tenga un cuerpo de reflexión válido.
4.-Sería útil que los líderes de opinión, particularmente
los legisladores, se den un tiempo para leer un poco alrededor de este tema; de
modo que se use apropiadamente este término y se pueda avanzar en la
construcción de una sociedad con una “vida buena”.
[2] Giusti,
Miguel. El sentido de la Ética En El soñado bien, el mal presente. Rumores de la
ética. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, pp. 18.
[3] Giusti,
Miguel. El sentido de la Ética En El soñado bien, el mal presente. Rumores de
la ética. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, pp. 32.
[4] Giusti,
Miguel. El sentido de la Ética En El soñado bien, el mal presente. Rumores de
la ética. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, pp. 33.
[6] Giusti,
Miguel. El sentido de la Ética En El soñado bien, el mal presente. Rumores de
la ética. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, pp. 34-35.