jueves, 15 de agosto de 2013

Cuánto influye la cultura de un pueblo en su desarrollo

Una pregunta recurrente en los medios académicos y en los no tanto es cuánto influye la cultura en el desarrollo de las sociedades. Un texto rico en este análisis es: Hacia una teoría del desarrollo. Las condiciones culturales del desarrollo económico escrito por Mario Grondona. A continuación les presentaré un resumen del capítulo XV del libro anteriormente mencionado.

Inicia preguntándose cuáles son los valores sin los cuales no es posible generar desarrollo (hipótesis cultural del desarrollo). Retoma el aporte de Lawrence Harrison que dice que los pueblos se diferencian en sus experiencias de desarrollo de acuerdo a la adaptación de ciertos valores. Propone que existirían dos sistemas de valores frente al desarrollo, uno “favorable” y otro “resistente”; esta propuesta retoma la idea de Weber de “tipos ideales” con el fin de estudiar el comportamiento de los países. Los países reales estarían comprendidos en el rango, unos más cercanos al modelo favorable y otros al modelo resistente El autor cree que la incoherencia, respecto a los valores, ha provocado crisis en algunos países: los cuales habría querido tener los beneficios de la modernidad sin haber realizado los esfuerzos para gozar de esa modernidad.

A continuación menciona veinte temas sobre los cuales los países reaccionan de diferente modo correspondiendo a si son más favorables o más resistentes al desarrollo. Estos son:

·         La actitud religiosa.- Retoma la idea de Weber que explica el origen del capitalismo en la actitud de los “puritanos” frente a la vida; según este autor “la doctrina calvinista de la predestinación que prevaleció en las variantes puritanas del protestantismo a lo largo del siglo XVII, generó una intensa angustia entre los fieles”[1], esto sólo podía ser calmada sino con el arduo trabajo para evidenciar que uno era “elegido” para la vida eterna.

Frente a esto distingue dos modos de religiosidad: Uno llamado “publicanismo” que se caracterizaría por consolar a los pobres e inhibir a los ricos. La otra actitud es la “farisea”, que opta por los ganadores y justifica sus éxitos y los anima a seguir adelante.

·         La confianza en el individuo.- El autor menciona que “lo que hay detrás del desarrollo económico es el trabajo y la creatividad de los individuos”[2]. La persona que se siente libre asume que su vida es su responsabilidad y no acepta ningún tutor en esa tarea. Menciona que “pese a todos sus defectos, el capitalismo es la única fórmula conocida de desarrollo económico: porque acepta el desorden creador de las iniciativas individuales”[3]. Con esto no se asume la ausencia del Estado, sino responsabilidades específicas como establecimiento de reglas claras de juego del mercado y la educación; es decir un Estado fuerte y favorable al capitalismo. En resumen, una sociedad que confía en el individuo es favorable al desarrollo y una sociedad que controla y reprime a las personas es resistente al desarrollo.

·         El requisito moral.-  El autor menciona tres grados de desarrollo moral. Uno primero llamado “superrogatorio” que comprende conductas altruistas, abnegadas, por encima del promedio social; esto se encarnaría en los héroes, santos y genios. Al otro extremo estarían los delincuentes que hacen daño a sus semejantes para buscar su beneficio personal.  En el medio estarían ubicados las personas “normales” es decir aquellas que demostrarían un “egoísmo razonable”; este individuo buscaría el bien propio y de su familia razonablemente pero respetando el derecho de los demás.

Un sistema favorable al desarrollo tendría una estructura para personas que asumirían una vida desde la perspectiva intermedia; porque los sistemas que alientan las normas “superrogatorias” tienden a elogiarlas pero no a cumplirlas.

·         Dos conceptos de riqueza.- Uno de los conceptos que desarrolla el autor es que existen dos conceptos de riqueza. Uno que consiste en lo que hay (sociedades resistentes) y otro en lo que todavía no hay. 

En las sociedades resistentes la riqueza está en, principalmente, en la tierra y todo lo relativo a ella; mientras que en las sociedades favorables la riqueza está en el conocimiento y la innovación y la tecnología.

·         Dos ideas de competencia.- Una de las características de las sociedades favorables es la necesidad de competir para obtener los más diversos premios. Las personas, grupos, instituciones, etc. compiten para obtener resultados; esto se da en todos los campos como los intelectuales por ejemplo.

En las sociedades resistentes, la competencia es condenada y considerada como una agresión. En algunas de ellas se legitima la envidia como pasión social. A veces se dice que la cooperación es enemiga de la competencia; sin embargo, mucho de los logros producto de la competencia sirven a la humanidad.

·         Las virtudes menores.-  El autor menciona que en la sociedades favorables se evidencian algunas valores (consideradas menores) como la prolijidad, la puntualidad, el placer por el trabajo y la cortesía. Estos valores son menos evidentes en sociedades resistentes.

Finalmente menciona que dos conceptos de civilización se contraponen actualmente. Una de ellas es la civilización del amor enarbolada por el Papa Juan Pablo II y por otra la civilización del respeto que se ha construido en las sociedades modernas.



[1] Grondona, Mario. Hacia una teoría del desarrollo. Las condiciones culturales del desarrollo económico. Buenos Aires. Ariel Planeta, p.257.

[2] Ídem. p. 261.
[3] Ídem. p. 263.

No hay comentarios:

Publicar un comentario